💔 Qué curioso: mientras estás embarazada todos aman tu cuerpo… pero cuando nace el bebé, de pronto sienten que tienen permiso de juzgarlo.

💔 Qué curioso: mientras estás embarazada todos aman tu cuerpo… pero cuando nace el bebé, de pronto sienten que tienen permiso de juzgarlo.

Durante el embarazo:

—Qué bonita pancita. 🥹
—Te ves hermosa.
—Déjame tocarla.
—Mira cómo ya se nota.

Todos sonríen.

Todos celebran.

Todos parecen entender que tu cuerpo está haciendo algo enorme.

Pero nace el bebé…

pasan unas semanas…

y empiezan los comentarios.

—¿Todavía tienes panza?

—¿Y esas estrías?

—Antes estabas más delgada.

—¿Ya te estás cuidando?

Como si el cuerpo tuviera que borrar en dos meses lo que vivió durante nueve.

Y no termina ahí.

Si trabajas:

—¿Y quién cuida al bebé?

Si no trabajas:

—¿Y no piensas hacer nada?

Si sales sola:

—Qué rápido lo dejó.

Si no sales:

—También tienes que vivir.

Y por supuesto nunca falta:

—¿Y el papá dónde está?

Como si una mujer después de parir dejara de ser persona y se convirtiera en examen público.

Eso es lo que da coraje.

Que durante el embarazo te dicen:

“Tu cuerpo es increíble.”

Y después del parto pareciera que te dicen:

“Bueno… ¿y cuándo lo vas a arreglar?”

No.

Ese abdomen puede seguir inflamado.

Las estrías pueden quedarse.

El pecho puede cambiar.

Puede haber una cicatriz.

Puede haber cansancio en la cara.

Y ninguna de esas cosas significa que una mujer “se descuidó”.

Significa que su cuerpo atravesó un embarazo, un parto y una recuperación que no tienen botón de reinicio.

Lo mínimo sería conservar después del parto el mismo respeto que todos tenían cuando acariciaban su pancita.

Porque qué fácil es decir:

“Qué hermosa embarazada.”

Lo difícil, aparentemente, es mirar a esa misma mujer meses después y no abrir la boca para corregirle el cuerpo, la crianza, el trabajo, la pareja o la vida.

Si no te pidió opinión, quizá no necesita escuchar lo que tú harías distinto.

Quizá necesita algo mucho más sencillo:

que la mires con el mismo cariño con el que mirabas su pancita cuando todavía llevaba al bebé dentro.